El deseo de recuperar pedacitos de nuestra historia reciente -mobiliario, decoración, iluminación- me rondaba desde siempre: el afán por atesorar cuanto llega a mis manos forma parte de mi carácter.
Es un proyecto personal tan ecléctico como yo, tal vez porque tuve la suerte de nacer en un momento de iconoclasta efervescencia. La primera canción que recuerdo es "Yellow Submarine”, los temas de Abba configuraron la banda sonora de los viajes en coche de mi infancia, The Police marcó el ritmo de las vacaciones estivales de mi adolescencia y bailé el pop de los 80.
Su nombre se inspira en el largometraje que se estrenó en 1968, "The Party”, y que en España se tradujo como “El Guateque
El guion y la dirección de Blake Edwards y el particular diseño de la casa-escenario me fascinaron porque se anticiparon a todo, tanto a un concepto disruptivo del interiorismo, que aunaba comodidad y transgresión, como a la comedia salvaje de finales de los 60.
Rinde homenaje a una época arrebatadora, con grandes cambios sociales, políticos y culturales.
El rock&roll, la era espacial, el movimiento hippy, la liberación de la mujer, la televisión en color, los primeros ordenadores, el pop británico, las tribus urbanas, los inicios de la música electrónica de la mano de la tecnología...
El propósito de El Guateque es recuperar aquellas vivencias para crear espacios tan polifacéticos como únicos. Por eso rescata piezas de autor singulares e infrecuentes y les devuelve su belleza y sus señas de identidad para hacerlas brillar de nuevo, preservando el encanto de su larga y apasionante vida.
En estos tiempos en los que todo va tan rápido, El Guateque reivindica el buen hacer de los maestros artesanos y el trabajo meticuloso de los oficios que no entienden de prisas.